¿Es sostenible psicosocialmente la actividad de enfermería en España?: Difícilmente, según la reciente macroencuesta de SATSE [LARPSICO]
Avances en la conciliación corresponsable
Avanzamos en conciliación corresponsable del trabajo remunerado con el trabajo de cuidar no remunerado, pero lentamente. El complejo entramado normativo en materia de conciliación de la vida laboral y familiar (menos fértil para la personal), tanto nacional como comunitario, tiene como directriz central la promoción de la corresponsabilidad (ej. Directiva UE/2019/1158 y las diversas normas nacionales dictadas para aplicarla, la última el Real Decreto-Ley 9/2025), esto es, lograr que ambos progenitores, mujer y hombre, se impliquen en un nivel análogo. No se trata sólo de que el “hombre” ayude a la “mujer”, sino que esté comprometido con su responsabilidad de cuidar en términos equivalentes.
- Y no es dudoso que en tal dirección la sociedad y su mundo laboral progresan, pero no “adecuadamente”, porque lo hace lentamente. La realidad sociológica es tozuda al revelar que el rol femenino sigue siendo prevalente en el trabajo de cuidados. Los datos, desde hace años, son inequívocos. El 37% de las mujeres se ocupa siempre del cuidado de los hijos/as frente al 5,6% de los hombres, según Oxfam (Estudio La cuenta de los cuidados, 2025). Los datos cambian muy poco a lo largo de los años y son abrumadores para evidenciar no solo la gran sobrecarga del trabajo de cuidar para las mujeres (más del 65% de personas cuidadoras tienen rostro de mujer y más de 50 años), sino su invisibilidad social, e institucional, también en la organización del trabajo remunerado o de mercado.
- El problema no es solo social, sino de salud, tanto pública como laboral. Múltiples estudios, que cuentan con una larga tradición, que se va perpetuando, ponen de relieve el impacto nocivo de esta “doble jornada” en la salud psicosocial o mental de las mujeres, en general, y en ciertas profesionales aún más agravado.
Dificultades para conciliar trabajo y familia
El 60% de las enfermeras (y fisioterapeutas) se plantean seriamente dejar la profesión por las dificultades para conciliar trabajo-familia. Si hace apenas unos días dábamos cuenta de que un estudio situaba en más del 60% de las personas trabajadoras que ponderan el abandono de su empleo por causas multicausales, el caso de la enfermería y la fisioterapia actuaría a modo de un "laboratorio de observación empírica" de esa prevalencia del conflicto psicosocial trabajo-familia. Así se pone de manifiesto en la macroencuesta (bajo el lema no dejar la vida en pausa) que presentó, con motivo del Día Internacional de la Mujer, el Sindicato de Enfermería (SATSE) y en la que participaron 11.481 enfermeras y fisioterapeutas de toda España. De ellas, el 87,85 por ciento son mujeres y el 12,15 por ciento hombres.
- Un dato es muy revelador: el 60% de las enfermeras se plantea dejar la profesión por las dificultades organizativas a la hora de conciliar el trabajo en su centro con el trabajo de cuidar. Los principales factores estresores asociados son:
- La imprevisibilidad como riesgo: Al menos el 70% de las encuestadas recibe su planificación con menos de 30 días de antelación y casi un 50% desconoce qué días trabajará la semana siguiente.
- La falta de desconexión laboral: Casi la mitad de la plantilla (49,81%) sufre comunicaciones fuera del horario laboral
- La penalización económica a la conciliación: El 43% ha tenido que reducir su jornada con la consiguiente pérdida retributiva.
- Falta de personal y sobrecarga laboral: El 83,8% de las personas encuestadas señala la falta de personal, lo que provoca un aumento en la sobrecarga laboral y mayor presencia de estrés en la plantilla.
- La "doble jornada": El 80% de las profesionales tiene cargas de cuidado. Este conflicto de rol es un factor de riesgo psicosocial que se vincula directamente con la afectación de la salud mental (58,86%).
Daños a la salud mental por el conflicto trabajo-familia
El conflicto trabajo-familia genera importantes daños a la salud mental al 61% de las personas encuestadas. El resultado más relevante de todo ello, a nuestros efectos, es que el 61,2 por ciento de las encuestadas afirma que los problemas de conciliación afectan a su salud mental (el 56,87 por ciento dice que a su salud física), incidiendo también, lógicamente, en su pérdida de rendimiento (el 47,15 por cien así lo admite). Con todo, vemos que el principal factor, junto a los draconianos tiempos de trabajo, de estrés se sitúa en la falta de personal. Un problema extendido que exige algo más que un nuevo y mejor “Plan de mejora de la Conciliación” (corresponsable), e incluso más que un enfoque de género adecuado de la gestión preventiva de riesgos laborales. Pero es evidente que sin este enfoque de gestión psicosocial de género tampoco habrá solución eficaz.
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