Autoprotección frente al estrés laboral, una creciente razón para la movilidad lateral en la abogacía, según un reciente estudio [LARPSICO]

Andalucía, 28/10/2025
Autoprotección frente al estrés laboral, una creciente razón para la movilidad lateral en la abogacía, según un reciente estudio [LARPSICO]

Es una regla elemental de todo trabajo profesional, también de su regulación jurídica y ética, ya se trate de un trabajo asalariado o de un trabajo autónomo, como es el ejercicio de profesionales liberales (que pueden realizarse de forma autónoma o de forma asalariada), el aspirar a mejorar económica y profesionalmente. Y ello en el seno de la misma empresa, mediante la promoción (mejores salarios, mejores puestos de trabajo a ocupar en la escala de la empresa), o mediante una carrera en el mercado profesional, en otras empresas, a través de la movilidad. No es casual que el carácter profesional de una actividad autónoma venga determinado por un valor económico (STS, 3ª,941/2025, 10 de julio). En realidad, parecería una regla de la condición humana, perseguir mayores retos intelectuales y profesionales, buscar el reconocimiento en el trabajo, elevarse en la escala social, ganando más dinero, siempre dentro de unos límites que la haga compatible con la “vida buena”.

Sin embargo, en esta mismo sitio llevamos tiempo dando cuenta de una notable tendencia de cambio, de modo que son cada vez más las personas que, cuando menos, a la razón económica para los cambios de trabajo (incluso su renuncia) suman razones psicosociales, esto es, de mejora de su bienestar real, (auto)cuidando de su salud mental. En este sentido, el 16 de mayo pasado dimos cuenta de estudios que evidenciaban cómo gana valor entre las preferencias para optar a, o mantenerse en, un trabajo, mejores condiciones de bienestar psicosocial, por encima incluso del salario. Aunque lo contrario también sucede, por supuesto (personas satisfechas con su ambiente laboral, pero quejosas con su bajo salario). Los estudios en aquel sentido de primar más el equilibrio psicosocial (bienestar) se suceden sin parar, acumulando evidencia en tal sentido.

En efecto, la conocida plataforma digital de empleo InfoJobs ha presentado un informe sobre cambio de empleo. En él se constata que casi 6 de cada 10 personas trabajadoras en España no tendrían una significativa expectativa en el ascenso en su trabajo o profesión, siendo casi 4 de cada 10 las que ni siquiera tendrían interés en mejorar su posición laboral. Este estudio encuentra un claro sesgo de edad, pues quienes tienen 35 años o menos invierten esta visión: casi seis de cada diez muestran interés en progresar, lo que es lógico porque se halla en pleno proceso de construcción de trayectorias profesionales y personales. Aunque la subida de sueldo encabeza la lista de motivos para aceptar promover, los mayores desequilibrios que se entiende derivan necesariamente de esa mayor responsabilidad en relación con el derecho a la conciliación frenaría el deseo de escalar hasta una jefatura. No es ocioso recordar, en este punto, cómo otros estudios, de los que ya dimos cuenta, ponen de relieve que las jefaturas al máximo nivel también se queman antes, al aumentar sus factores de estrés.

De este modo, tanto la promoción interna como la movilidad externa podrían estar perdiendo fuerza en la población como jalones inexorables en la carrera de índole profesional, para pasar a ser posibilidades abiertas en todo momento para el libre desarrollo de la vida de cada persona, pero sujetas en todo momento a unos contextos y unas conveniencias estrechamente vinculadas a la mayor conciencia de la importancia del bienestar psicosocial. Esta tendencia se encuentra en las más variadas profesiones. Precisamente, también en fechas muy recientes, otro estudio evidencia que, si bien la “movilidad lateral” (cambios de despachos profesionales) de las personas profesionales de la abogacía se están disparando en los últimos años, sobre todo en los despachos internacionales, las razones subyacentes detrás de esta movilidad no serían solo económicas (razones estratégicas de despachos, búsqueda de mejoras económicas y reconocimiento de la condición o estatus de persona socia, etc.), sino que destaca, a menudo, factores de riesgo psicosociales.

Así lo pone de relieve el estudio international Why Lawyers Move: Factors That Push and Pull (MLA Global/Reuters), en el que se reflejaría una realidad más compleja, dejando emerger aspectos en gran medida invisibles, pero señeros: la creciente convicción de primar la preservación del equilibrio psicosocial sobre el prestigio profesional. Es clásico en el sector hacer referencia a la movilidad en los despachos de abogacía basada en las “tres R” (siglas en inglés): retribución (rate), respeto (o falta de él) e inquietud (restlessness). Por lo general, dominaban los análisis basados en razones económicas y de prestigio, de modo que fuera de ellas no se recomendaba el cambio de despacho (visión conservadora o estable). Sin embargo, de forma más reciente se pone énfasis en que esa movilidad (como factor de expulsión desde un despacho y factor de atracción desde otro) profesional lateral se debe, con mayor frecuencia, a la presión insostenible psicosocialmente que reciben conforme han ido progresando en su carrera profesional.

Por supuesto, los despachos tienden a atribuir estas salidas a la falta de oportunidades de crecimiento o los desajustes culturales. Sin embargo, por debajo de los motivos aparentes se esconderían estados más complejos de estrés crónico, el burnout e incluso la depresión (ej. cultura de jornadas sin fin y competencia extrema; aislamiento; falta de propósito, etc.). La gran dificultad para dejar en el despacho la tarea hacen que tensiones laborales “contaminen la vida personal”. En este escenario, el cambio de aires (despacho) aparecería como un canal útil para evitar esta espiral de ansiedad, estrés y depresión, aislamiento incluido. Con esta movilidad se pretende corregir los factores de presión-expulsión para mutarlos en factores de atracción-integración, recuperando el equilibrio perdido (ej. políticas de cuidado de la pertenencia, facilitación de la respuesta al conflicto trabajo-familia, propuesta de retos intelectuales reales, etc.).

La atracción de talento no pasa solo por “cuidar la clientela” (que siempre tiene razón y debe ser atendida a todas horas), sino también por el cuidado de sus profesionales. En un mercado profesional global y cambiante, la función atracción-retención de talento exige incorporar el bienestar como un eje central de la cultura-política interna de gestión de despachos. De adoptarse se convertirán en fuente o factores de protección, en otro caso, serán factores de riesgo, para la salud de las personas abogadas y de las empresas. El siguiente cuadro lo sintetiza bien.

Matriz de medidas-factores de riesgo-factores de protección psicosocial en el seno de la profesión de abogacía

Medidas Factor de Riesgo (si no se llevan a efecto) Factor de protección (si se llevan a la práctica)
Apoyo psicosocial (servicio de atención psicológica) Estallido de problemas que llevan tiempo ocultos, la baja más prolongada, etc. Alerta precoz, cultura del cuidado psíquico, previene crisis.
Programa gestión antiestrés Pérdidas de productividad, desgaste. Motivación, clima laboral positivo, implicación.
Definir trayectorias flexibles y cargas de trabajo salubres Alta rotación, fuga mejores talentos a otras empresas. Fidelización, más atracción de perfiles internacionales.
Campañas sensibilización Pérdida reputación. Más valor reputacional

Como ejemplos de buenas prácticas se citan experiencias en España. Por ej.: AGM Abogados, Cremades & Calvo-Sotelo y la Fundación Bienestar Despachos (otorga certificado específico a las firmas que adoptan medidas).

En suma, la creciente movilidad lateral de las personas que ejercen la abogacía hoy no se explicaría solo con razones económicas, sino también de bienestar psicosocial. La movilidad como medida de autoprotección de la salud mental proyecta en este sector profesional una más amplia tendencia a primar el equilibrio de los tiempos de vida, productivos y reproductivos, por encima de vivir de manera continua en el alambre psicosocial, bajo tensiones (presiones) permanentes.

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