SESIÓN DEL

DECLARACIÓN INSTITUCIONAL DEL CONSEJO DE GOBIERNO DE LA JUNTA DE ANDALUCÍA CON MOTIVO DEL XXV ANIVERSARIO DEL 28-F

Veinticinco años son apenas un soplo en la vida de un pueblo, mucho más en el caso de una tierra milenaria como Andalucía. Pero se trata de un período suficiente para evaluar los resultados de una etapa, la autonomía, que se ha caracterizado por el constan-te impulso al progreso de Andalucía, de la recuperación de su autoestima como pueblo y de su consolidación como una sociedad moderna en el marco de la España democrática y de la Unión Europea.

El referéndum del 28 de Febrero de 1980 abrió las puertas de Andalucía a la auto-nomía plena. Ninguna Comunidad, ninguna, se esforzó tanto y superó tantas dificultades como Andalucía para lograr su autogobierno. Y lo hizo, además, en medio de incompren-siones y deslealtades que desde entonces quedaron grabadas para siempre en el memo-rial de prejuicios injustos hacia Andalucía y los andaluces y andaluzas. Si alto fue el desafío, mayor sin embargo fue la determinación y el compromiso de los andaluces en la consecución de sus objetivos. Aquel esfuerzo dio paso al Estatuto de Autonomía, una valiosa herramienta de progreso que los andaluces hemos sabido emplear en beneficio de todos. Con el Estatuto, la Constitución Española en la que hunde las raíces de su legitimi-dad, alcanzó una nueva dimensión en Andalucía.

Pero el 28-F no sólo supuso un avance para nuestra comunidad. Andalucía dejó la huella de su impronta en el naciente Estado de las autonomías. El Estado descentralizado que hoy conocemos no resultaría entendible sin aquella apuesta de los andaluces por convertir en realidad el espíritu del artículo 2 de la Constitución Española, que garantiza la unidad de la nación española y el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones, así como la solidaridad entre éstas.

La autonomía no sólo ha proporcionado un marco jurídico-político que reconoce la identidad y los derechos de la ciudadanía de Andalucía. Más allá de las leyes, más allá incluso de las instituciones de autogobierno que se han consolidado en estos años, Andalucía ha ganado con su propio esfuerzo una posición de igualdad con el resto de regiones de España y Europa, situándose además a la vanguardia de las políticas sociales. Aun arrastramos, es cierto, parte de los problemas de un pasado muy difícil en lo político, lo social y lo económico, que costó un gran sacrificio a las generaciones precedentes. Pero hoy Andalucía puede exhibir parámetros perfectamente equiparables al resto de España, con quien compartimos los mismos problemas, pero también los mismos retos e ilusiones. Todos debemos ser conscientes de que sin autonomía, muy probablemente nuestra tierra aún viviría el riesgo de quedar descolgada del progreso general de España y Europa. Precisamente eso era lo que tristemente ocurría hasta hace sólo 25 años.

Con todo ese caudal de esfuerzos y avances acumulados, Andalucía tiene la posibi-lidad, y la obligación, de protagonizar un nuevo impulso, un nuevo salto que nos permita ofrecer a las generaciones venideras un lugar entre las regiones más avanzadas y próspe-ras de España y de la Unión Europa. Para ello tenemos que confiar en las capacidades de nuestra tierra y ser ambiciosos en todos los frentes en los que se despliega la Segunda Modernización: en la apertura de nuestra economía; en la creación de más y mejor empleo; en el estímulo a las iniciativas emprendedoras; en la calidad de los servicios de la Administración; en la transparencia en la vida pública y en la calidad de nuestro sistema democrático; en la investigación y en el fomento de la cultura; en la aplicación de las nuevas tecnologías a todos los ámbitos de la economía y de la vida en general; en la educación de calidad y abierta al mundo; en la igualdad de todos sin discriminación, acentuando la incorporación de la mujer a la vida pública y a todos los núcleos de decisión y en la erradicación de lacras como la violencia de género, que resulta insoporta-ble para cualquier sociedad avanzada.

Los resultados de este período autonómico nos estimulan, y nos obligan, a dibujar un horizonte ambicioso para Andalucía. Ningún interés particular, ningún complejo, ningún prejuicio injusto puede trabar la determinación de Andalucía para forjarse el más ambicioso de los futuros.

La actual reforma del Estatuto de Autonomía, ya en marcha en el Parlamento de Andalucía, supone una oportunidad de oro para establecer una herramienta acorde con la nueva situación y los nuevos objetivos de nuestra Comunidad. Todos estamos llamados a hacer las aportaciones al nuevo texto estatutario para que recoja, como sucedió con el actual, el sentir y la voluntad política de la inmensa mayoría de los andaluces. Debemos hacerlo con confianza en nuestra tierra y con la ilusión puesta en un futuro mejor para los jóvenes andaluces y para los que han de venir, también desde otras tierras.

Afrontamos, además, la reforma del Estatuto en un proceso de modernización y profundización del Estado de las Autonomías. Como sucedió tras el 28-F de 1980, Andalucía nuevamente puede y debe dejar su impronta en el nuevo diseño autonómico. Andalucía, por su peso social, económico y demográfico y, sobre todo, por su voluntad política tiene que aportar una idea activa de España. Una idea activa basada en la integración real de todas las comunidades en la conformación de la voluntad política del Estado; en la pluralidad y el respeto de todos los hechos diferenciales; en la solidez del Estado para cumplir y hacer cumplir la Constitución, desarrollando los principios de solidaridad y cohesión territorial, desterrando cualquier tentación de desigualdad o discriminación entre las distintas comunidades autónomas.

Llevar a buen puerto esta misión de Andalucía supone, pues, una alta responsabi-lidad. Debemos, en consecuencia, afrontarla con altura de miras, con generosidad, apostando siempre por el diálogo político y respetando al resto de Comunidades autó-nomas. Nuestro modelo nacional de convivencia nunca avanzará si el Estado de las autonomías es presentado en clave de confrontación entre las distintas comunidades. La idea integradora y tolerante de España que representa Andalucía debe impregnar toda la evolución del sistema autonómico.

El próximo 28-F resulta, en fin, emblemático. 25 años de autogobierno y un largo y fructífero camino que debe ser estímulo y acicate para afrontar nuevos retos, nuevas ilusiones, un tiempo nuevo y mejor para todos y todas. Una fecha que nos debe animar a renovar nuestro compromiso insobornable con Andalucía.

Índice